Política Monetaria. Moneda Única

A continuación se expone síntesis de la propuesta para instaurar una moneda única que gobierne, coordine y equilibre las relaciones financieras, económicas, comerciales, fiscales, monetarias y de inversión entre tods los pueblos y naciones del Planeta Tierra. Este concepto-fundamento forma parte de un amplio e integral Proyecto Mundial (en preparaciòn).

 

Proyecto Mundial
Política Monetaria. Moneda Única.

Manuel Frías Alcaraz

Reflexionar que en el Universo y la Naturaleza todo evoluciona hacia su perfección -donde el concepto Tiempo no existe-, permite inferir que lo creado por el Hombre es necesario actualizarlo y adecuarlo a los procesos y leyes universales-naturales, a fin de que se cumplan plenamente principios y aspiraciones.

Desde que la moneda se concibió como un medio para facilitar las transacciones comerciales en las antiguas culturas egipcia, griega, romana, sociedad veneciana… o bien el intercambio de productos-mercancías (trueque) como en las culturas americanas, hacen que el dinero metálico (oro, plata, cobre…), papel-moneda (billetes, bonos, acciones, derivados…), tarjetas de plástico y los intangibles movimientos, transferencias y transacciones electrónicas, cada vez queden con poca validez por la excesiva emisión y falta de respaldo económico-patrimonial como por la depreciación e involución  de los bienes materiales.

Si en el pasado el dinero se acuñaba en metales, lo cual propició conflictos entre pueblos y naciones para disponer-acaparar el mayor volumen de oro, plata o piedras precisas y demostrar así su aparente hegemonía y riqueza -en detrimento y sometimiento de otros países-; cuando se retiró el sustento metálico y se sobre-imprimió papel-moneda, que al conjuntarse con políticas predominantes de gasto especulativo, político y burocrático-administrativo en lugar de actividades productivas y trabajos constructivos que aseguraran generar y distribuir mejor la riqueza, hacen imperativo revisar de manera integral las diversas formas de avenencia, donde la meta y directriz sean evaluar-establecer un nueva y única moneda mundial.

Así como en 1944 la recién conformada Organización de las Naciones Unidas propuso en la conferencia efectuada en el complejo turístico Bretton Woods, New Hampshire-USA  normas y criterios innovadores para fortalecer las relaciones comerciales, financieras y económicas orientadas a reconstruir los países devastados por la Segunda Guerra Mundial y, al mismo tiempo, fomentar el progreso y desarrollo mediante préstamos-créditos asequibles otorgados por las nuevas instituciones financieras Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial; permiten recapacitar, que al desvirtuarse los conceptos y propósitos iníciales por la expoliación de recursos naturales (petróleo, agua, minerales…) con el continuo empobrecimiento de países en desarrollo, tornan inaplazable instaurar un renovado acuerdo multinacional

Dentro de este amplio y bien conceptuado-planificado Proyecto Mundial, destacan los grandes, rentables y correctamente definidos proyectos de infraestructura básica (energía, agua, comunicaciones, alimentos); que al financiarse mediante inversiones apoyadas en una moneda mundial y en equilibradas relaciones comerciales, asegurarán que las políticas Monetaria, Económica, Comercial, Financiera, Fiscal y de Inversión se traduzcan en un diversificado, compartido y creciente  progreso internacional.

Para reiniciar la construcción de importantes obras de infraestructura -en particular en aquellos países con limitados recursos monetarios-, es primordial disponer con una moneda-billete universal que facilite los créditos, recursos económicos e intercambios comerciales, de acuerdo al principio rector (no ecologista) de producir riqueza sin comprometer el hábitat y futuro terrestre. De modo que al ejecutarse proyectos de alta participación y rentabilidad, toda nación -sin importar idiosincrasia, idioma, mezcla racial, religión- se beneficiaría, al quedar las grandes obras coordinadas con un funcional y amplio Proyecto Mundial.

Por lo que el dólar como moneda internacional se supeditará al nuevo dinero universal, el cual regirá las relaciones económicas, financieras, comerciales, de inversión, fiscales y monetarias entre todos los países. La denominación propuesta para esta confiable, moderna y evolucionada moneda es GEO o GAEA que significa tierra en griego (γεω) o latín (terra). Su fundamento y valor monetario quedarán acrisolados en el mismo Planeta Tierra. Implica cualquier elemento, mineral, recurso por abundante o escaso yace, subyace o surge de las entrañas de la Tierra. Metales como el oro, la plata o recursos energéticos como el petróleo, carbón, uranio, gas, tienen su origen y se derivan de procesos solares-terrestres. Desde luego el Sol, principio y fuente de vida tiene un sitio supremo, sólo que el Hombre no habita sobre la estrella solar.

La actual crisis económica-financiera que agobia y enturbia el destino de la humanidad, representa una excelente oportunidad para aprovechar lecciones, rectificar errores, corregir fallas de variables, versátiles y combinadas teorías económicas (conservadoras-imperialistas-capitalistas, liberales-socialistas-revolucionarias), las cuales al evolucionar-dirigirse hacia una práctica, confiable y útil Política Monetaria que reimpulse el desarrollo, convertirá ominosos presagios en renovadas acciones y programas de progreso que se financiarían con una moneda cimentada en el más valioso e insustituible bien inmueble del Hombre: El Planeta Tierra.

Así, al avanzar y perfeccionarse las relaciones entre países y pueblos que comparten una misma casa, existirá armonía con lo universal y lo natural. También por su denominación, esencia y origen, el GEO alejará conflictos de intereses y anhelos de supremacía de cualquier país o comunidad de naciones. Al sustituir al dólar, euro, rublo, peso, yen, yuan, libra esterlina… conciliará planes, programas y proyectos para construir un mundo mejor que garantice la trascendencia de la humanidad  a estratos superiores y se aprovechen de manera racional y equitativa los recursos y riquezas naturales aún disponibles en la Tierra.

Si en 1944 la ONU organizó y dirigió los acuerdos del Bretton Woods, hoy resulta imprescindible que esta institución redimensione y amplíe sus facultades, obligaciones y derechos a fin de que sea la entidad mundial responsable de emitir, regular y controlar el GEO para reemplazar las monedas en circulación.

El valor se fijaría de acuerdo al dólar o euro, que son las divisas de mayor intercambio comercial. Es decir un GEO sería igual a un dólar-euro, paridad que definiría el valor de esta moneda mundial en cada país o comunidad de naciones según el tipo de cambio prevaleciente. Los convenios, avances y consolidaciones logradas por los europeos a partir del presente siglo, son un ejemplo-referencia de las altas posibilidades de estatuir una moneda única, así como nuevas, proporcionales y fructíferas relaciones internacionales.

Un nuevo y compartido Orden Económico Mundial para renovar, reimpulsar y reconstruir la economía física, coordinado con una confiable, anti-especulativa, segura y moderna moneda para corregir a fondo peligrosos y recurrentes desequilibrios financieros asociados a las vigentes teorías económicas, hacen del GEO un objetivo y oportunidad de cambio para redimir y conciliar intereses en los pueblos de la Tierra.

México, D.F. Noviembre de 2008
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Conceptos Iniciales para los Proyectos y Obras de Infraestructura Básica que Conforman el Proyecto de País México Tercer Milenio.

Recursos Económicos y Financieros

Considerar que lo más valioso del planeta Tierra son sus recursos, condiciones y circunstancias favorables para hacer posible la vida en todas sus manifestaciones conocidas; resulta implícito y de sentido común para cualquier país, que sus habitantes, territorio y riquezas naturales representen también lo más valioso e insustituible. El progreso de toda nación -sin importar su civilización, historia, cultura, fisiografía, extensión y aparente superioridad- debe regirse conforme a principios económicos al servicio y bienestar de su población.

México como otros países en vías de desarrollo, tiene la obligación de recuperar su dignidad y decidir su futuro. Las teorías y modelos económicos vigentes, al otorgar preferencia a la acumulación de papel-moneda y metales, a cambio del peligroso agotamiento y escasez de los recursos naturales -agua, hidrocarburos, bosques, minerales…-, con el consecuente deterioro ambiental y calidad de vida; crean tal situación, que además de degradar valores, identidad y armonía comunitaria, originan serios desequilibrios y desigualdades que invariablemente conducen a recurrentes e inacabables inconformidades y conflictos sociales.

De modo que al tener preeminencia los parámetros de la economía denominada de libre mercado -producto bruto interno, monetarismo, inflación, devaluación, flotación, recesión, reserva de divisas, oro…-, el bienestar poblacional, la dignidad, las actividades productivas y el trabajo constructivo y creativo se rezagan-minimizan. Por más diagnósticos, análisis y estudios que se realicen con los preceptos y criterios prevalecientes, los cuales otorgan preferencia al dinero en sus distintas modalidades y emisiones -papel, metal, plástico, electrónico- en lugar de la riqueza humana, territorial y natural, llevarán al país a agravar la dependencia, multiplicar la pobreza y acrecentar el subdesarrollo.

El sector de la población que resiente más sus efectos son las nuevas generaciones. Los más de cuarenta millones de jóvenes que ahora residen en México, tienen una perspectiva de progreso poco favorable, lo cual compromete la futura unidad e integridad nacional. La ilusión de disponer dinero fácil y su acaparamiento como norma de poder, hace que el porvenir del país se centre en el concepto de negocios y finanzas en extremo lucrativos y especulativos. Los jóvenes mexicanos, al querer participar en estas funciones, relegan la creatividad, ciencia y tecnología, y varios son víctimas de vicios o bien se involucran en actividades ilícitas.

Si bien, los países industrializados hace tiempo sustentan su desarrollo en los conceptos de libre mercado y por la idiosincrasia de sus pueblos los resultados son alentadores; en nuestra nación, su imitación e instauración se tergiversa en forma tal, que sus postulados se transforman en una economía inestable, concentrada en pocos ciudadanos y de libertinaje -evasión fiscal, contrabando, desempleo, ambulantaje, corrupción, producción y comercialización de estupefacientes…-. Esto, en lugar de propiciar el sano desarrollo y la distribución de riqueza, origina psicosis, temor y ansiedad en todos los sectores de la población. Con la intención de romper y salir de tan nefastos ciclos, resulta imprescindible establecer una política económica-financiera acorde a nuestra raíz, mezcla racial y actitud, que aquilate al país, a sus habitantes y a los recursos y riquezas potenciales.

Los criterios y conceptos del Proyecto Nacional México Tercer Milenio tienen su fundamento central en ser auténticos y orgullosos mexicanos, conforme a una ideología de identidad propia, que nos revalore en el ámbito mundial y con principios económicos-financieros establecidos en el trabajo productivo-constructivo. Estos criterios y normas, al dirigirse a la modernización y realización de importantes obras de infraestructura básica para lograr un desarrollo subsecuente y sostenido, facilitarán ofrecer en bien planificados y atractivos centros urbanos, industriales, comerciales, agropecuarios, piscícolas y acuícolas, renovadas perspectivas de prosperidad.

Sus más de cincuenta proyectos: Presas de Multifunciones -abastecimiento de agua, producción de energía, control de inundaciones, riego, turismo, navegación-, Centros Energéticos -refinerías, centrales termoeléctricas, plantas petroquímicas e industrias de gran capacidad-, Vías y Sistemas de Comunicación -trenes eléctricos y de suspensión magnética, aeropuertos, canales de navegación, puertos interiores, autopistas- y Distritos Agrícolas irrigados por gravedad para construir y formar los modernos Complejos de Desarrollo: Pacífico Noroeste, Pacífico Sur, Pacífico Occidental, Golfo Norte, Golfo Centro y Sureste, recomendados para ordenar, descentralizar y descongestionar las principales regiones y ciudades, requieren de las siguientes acciones y programas para su ejecución:

I  Con una nueva visión y mentalidad de los sectores público, privado y social se privilegiarán las actividades, funciones y trabajos de los habitantes con respecto al gasto social, administrativo, político y especulativo. Implica canalizar los recursos económico-financieros, inversiones y capitales internos y externos para generar progreso, patrimonio y riqueza nacional, con lo cual la economía mexicana quedará verdaderamente al servicio de las generaciones de ahora y de siempre.

II  Las divisas y metales que hoy con tanto afán se demandan y atesoran, pasarán a segundo plano, ya que estas monedas de papel, plástico, transacciones electrónicas y metales preciosos, no son el país ni representan su mayor riqueza. Lo relevante y trascendente, son las labores productivas y ocupaciones desarrolladas en sus distintas manifestaciones y conceptos que aseguren un aprovechamiento, transformación y conservación racional y responsable de los recursos y riquezas disponibles en la nación.

III   Cada producto, mercancía y servicio elaborado, distribuido y comercializado, al quedar plenamente respaldado por trabajo de calidad -conforme a las actividades y empleo de cada mexicano-, garantizará que el patrimonio producido y el salario devengado sea equitativo, proporcional y de común acuerdo entre trabajadores y patrones, con justas utilidades, ganancias y dividendos a los empresarios, comerciantes, industriales y agricultores, lo cual fomentará nuevas y rentables inversiones para fortalecer la planta productiva.

IV   El peso mexicano, protegido firmemente por la diversificada producción fabril-agropecuaria y el empleo suficiente y remunerativo, podrá afrontar en mucho mejores condiciones los embates, presiones, castigos y la desestabilización que provocan los poderosos organismos económico-financieros mundiales, cuando no se cumplen los irreales, ventajosos y estrictos programas que establecen. Con mayor independencia y libertad de decisión, la inflación, flotación, carestía, recesión, devaluaciones que atemorizan y agreden al país se minimizarán frente al trabajo competitivo y de calidad.

V   Al lograr que el dinero -peso y divisas- tenga exclusivamente la función de transacción comercial y no para imponer y condicionar el desarrollo, el poder adquisitivo y la seguridad de compra de los mexicanos se consolidará, ensanchará y diversificará.

Como importante complemento, resultaría oportuno analizar la viabilidad y conveniencia de que las naciones americanas tengan una moneda fuerte y única, respaldada por la actividad constructiva y la producción integral y compartida. Si los latinoamericanos hablan idiomas semejantes y tienen los mismos orígenes, aspiraciones y cultura, su unión política-económica-monetaria fortalecería una futura asociación en todo el continente, con una moneda exclusiva que podría denominarse Crisol (en honor de Cristóbal Colón y del astro-rey) en lugar de peso, dólar, real…

Las acciones precedentes para la factibilidad del financiamiento de importantes proyectos de infraestructura, al cimentarse en empleo, producción y uso consciente-eficiente de recursos naturales, no resultarán inflacionarias ni depresivas. Ahora bien para activarlas y, simultáneamente, apoyar los planes y programas de este proyecto de país de amplia visión y largo alcance, los lineamientos para concretar su construcción serían:

VI   Analizar los proyectos de infraestructura recomendados, en función de sus características técnicas, estudios económicos y contribución social para definir su pronta ejecución. Esto significa, que cada obra pública propuesta asocia una alta relación beneficio-costo y, sobre todo, al evaluarse en términos de recursos naturales consumidos y transformados (agua y energía), desde el diseño, construcción, operación hasta su mantenimiento y futura actualización, permite apreciar aún mejor la plusvalía y los beneficios aportados durante su larga vida útil, lo cual dará un real valor y dimensión a cada proyecto, que si únicamente se evalúa en aspectos monetarios.

Por consiguiente, las diversas obras al ejecutarse y funcionar en armonía con la naturaleza y reunir altos índices de rentabilidad y participación, serían un buen negocio para el país, el inversionista y la sociedad; hecho que se traduciría en aumentar la riqueza y el patrimonio nacional, en compatibilidad con el uso racional y eficiente de los recursos naturales y económicos disponibles.

VII   El argumento oficial siempre esgrimido de que no hay suficiente dinero para ampliar, renovar y construir obras de infraestructura, ya no será una disculpa para justificar la desocupación e inactividad en el país. El porvenir, al edificarse en acciones y actividades constructivas, incrementaría el valor agregado y la total recuperación de las inversiones. Por lo mismo, el Gobierno al emplear el ahorro interno -sistema de ahorro para el retiro (SAR), altos precios del petróleo y el esperado por la intensidad de más trabajo-, apoyado por una moneda fuerte, así como por la emisión de bonos y acciones- en proyectos claves bien planificados y programados, ofrecerá insumos de calidad -agua, energía, comunicaciones…- a industriales, empresarios, comerciantes y agricultores para instalar fábricas, negocios, bienes y servicios en regiones preferenciales de inversión y desarrollo.    

VIII   El valor intrínseco de los proyectos -conceptuados con índices energéticos, técnicos y económicos cercanos al máximo-, por realizarse en etapas subsecuentes y con procesos de vanguardia, al no quedar supeditados a periodos y presupuestos sexenales ni a condiciones y prerrogativas externas para su financiamiento, aportarían al país importantes avances que fortalecerían su soberanía, autonomía y capacidad de decisión. De igual forma, el Gobierno al reasumir sus facultades y funciones de promotor, inversionista y constructor de obra pública, con la determinante coparticipación y colaboración del sector privado; fomentaría, que la nueva época de desarrollo sea instituida sobre un mayor dinamismo industrial, científico y tecnológico.

IX   Las lacerantes y arraigadas diferencias sociales tenderían a eliminarse, al contar cada habitante y familia con mejores ingresos y oportunidades de progreso y bienestar, tanto en los modernos Complejos de Desarrollo como en las actuales ciudades, que al reducirse su sobrepoblación, conurbación, contaminación, expansión territorial y la demanda de servicios básicos, alcanzarían nuevamente su equilibrio natural; impulsándose así, una fructífera convivencia y contribución ciudadana. También, la construcción y operación de trascendentes y rentables proyectos de infraestructura, al producir riqueza, empleo y confianza en el futuro, además de revalorar la esencia creativa y el sentimiento de orgullo por trabajar y producir en México, ampliarían las posibilidades para la consecución de nuestro necesario y pleno desarrollo.

X   Las regiones y ciudades afectadas y dañadas severamente por los fenómenos naturales (huracanes, sismos, inundaciones, sequías… en el Valle de México la escasez, contaminación y sobre-extracción de agua subterránea -con sus peligrosos efectos secundarios: inundaciones, hundimientos diferenciales, grietas, ruptura de los sistemas de agua y drenaje…- ya se traduce en su ruina) y los ocasionados por incendios, deforestación, erosión y contaminación del agua, el aire y la tierra, mejorarían notablemente la seguridad, condiciones y calidad-nivel de vida, como resultado de contar con nuevas y correctamente planificadas obras de infraestructura; que al quedar coordinadas con los modernos centros de población, industriales, comerciales, agropecuarios y acuícolas, facilitarían las acciones para restablecer el equilibrio natural y las perspectivas de desarrollo por todo el país.

Emprender la transformación de fondo que implica substituir la primacía e idiolatría monetaria por el progreso del país, permitirá a México resurgir vigoroso de la postración y dependencia actual. Con disciplina, orden, constancia y responsabilidad compartida entre los sectores público, privado y social, apoyados sólidamente por todos los medios y formas de comunicación, a fin de motivar y concientizar a la población de que su esfuerzo y contribución resultan fundamentales en el porvenir nacional, se desplazarán los modelos económico-financieros vigentes para estatuir como precepto supremo, la esencia de Patria y el trabajo productivo en contraposición al gasto, ayuda y dádiva social, lo cual hará asequible una nueva era de dignidad, cooperación y relación externa e interna.

Las agraviantes y crecientes situaciones de pobreza, de sobreexplotación y desperdicio de recursos naturales, desintegración familiar, conflictos sociales, subalimentación, deterioro a la salud, desocupación, inseguridad y deficiente educación, expuestas por numerosas e inacabables manifestaciones, inconformidades populares y la dispersión del narcotráfico, al conjuntarse con la progresiva contaminación y escasez de agua, catastróficas inundaciones o sequías, infección atmosférica, falta de vivienda, dispendio energético…, que prácticamente hacen a las grandes ciudades inhabitables e ingobernables, al empezar a solucionarse con planes y programas de amplia visión y largo alcance, conformados con acciones útiles, prácticas y múltiples empleos derivados por la construcción de proyectos de infraestructura rentables y competitivos, los fondos y recursos económicos al optimizarse y aplicarse en favor de México, podrán evolucionar rápidamente hacia un dinámico y auténtico desarrollo.

Mientras más sencillas, prácticas y realistas sean las soluciones implementadas, acordes a las circunstancias internas y a nuestra idiosincrasia, el éxito para dejar el lacerante subdesarrollo será contundente. Esta aspiración de modo alguno es nacionalismo extremo y aislante ni confrontación o rebeldía. Las deprimentes condiciones de vida se agravan en toda la nación. Diferir por más tiempo la substitución de políticas monetaristas de acumulación de riqueza material por el trabajo digno-responsable que engrandezca el espíritu y propicie un sano y equilibrado desarrollo, tendría peligrosas e irreparables consecuencias. Recapacitar que el actual sistema financiero, al obligar a los países pobres a sostener este modelo sobre cualquier costo y sacrificio de sus habitantes se traduce en una injusta contradicción con los conceptos que gobiernos y organismos extranjeros pregonan de derechos y equidad humanos.

Lo anterior no implica desconocer las deudas interna y externa, hoy impagables; pero tampoco seguir supeditados a políticas económicas desfavorables -Pidiregas para ampliar la infraestructura energética mediante centrales e instalaciones inconvenientes, onerosas y de restringida vida útil; intercambio de insustituibles recursos no-renovables (petróleo) por divisas de papel…- y crecientes préstamos para sobrevivir y cubrir tan sólo los intereses y pocas veces el capital. Con una economía propia fundada en la productividad y el empleo total de la fuerza laboral -obra pública, incentivos y seguridad a la inversión privada, uso racional de recursos naturales, optimización industrial, comercial y agrícola-, el Gobierno al propiciar-promover la generación de riqueza justa y proporcional, el ahorro interno e impuestos equilibrados para cumplir con los compromisos contraídos y magnificar los valores de los mexicanos por encima de la economía y el capital, contribuirá a la distensión originada por los actuales y especulativos modelos económico-financieros.

México, al disponer con todo un proyecto de desarrollo integral, con acciones, planes y objetivos bien definidos a corto, mediano y largo plazos -social, económico, financiero, industrial, comercial, agropecuario, infraestructura, científico, tecnológico, de colaboración internacional-, no seguirá experimentando con teorías, modelos y políticas externas; que si bien, en otras naciones y pueblos dan buenos resultados por sus conceptos y alcances establecidos con mucha anterioridad; nuestro país, al sustentar su nueva época de crecimiento de acuerdo a criterios y normas de revaloración y desarrollo de la población, aprovechamiento eficiente de recursos, ocupación productiva y metas bien definidas, será ejemplo para otras naciones latinoamericanas.

Los países industrializados al apoyar con determinación los cambios y posturas propias, a fin de revertir y reemplazar las inequitativas y ventajosas teorías económicas predominantes por conceptos congruentes y simples de progreso compartido, permitirán eliminar la psicosis, humillación y pauperización que agobian a la mayoría de los mexicanos. El desafío que esto representa y su trascendencia en la vida y relación internacional, por ningún motivo debe aplazarse. Las tensiones y exigencias internas -complicadas por el crecimiento poblacional y la disminución de los recursos- aumentan vertiginosamente y seguir menospreciándolas provocaría graves daños y secesiones.

Con unidad y esfuerzo, dirigidos a un mismo propósito, lo que ahora es un problema sin aparente solución, desaparecerá para tranquilidad y beneficio de los actuales y futuros mexicanos. Las lecciones y experiencias históricas deben aprenderse y aprovecharse íntegramente a fin de impedir que se repitan, como destaca el desorden-conflicto originado por el Fobaproa-IPAB; pues el Gobierno, al preferir canalizar parte importante de los limitados recursos económicos para cubrir-pagar pérdidas y pasivos bancarios, desplazó el empleo productivo y la construcción de necesarias obras de infraestructura, hecho que incrementa de manera drástica las desigualdades y carencias sociales, así como la imposibilidad de solventar las deudas interna y externa a mediano y largo plazos.

De modo que al sumarse el daño bancario al descomunal compromiso que representan los Pidiregas -ocasionado por deficientes políticas y decisiones de Gobierno- con su ya inminente rescate para evitar una catástrofe en el sector energético (Pemex, CFE y LyFC) se convierte en otra agobiante carga financiera y, en consecuencia, en más atraso, inseguridad y desempleo en el país. Por lo que es imprescindible aplicar y ejercer la Línea de Responsabilidades a los funcionarios y servidores públicos causantes de esta nueva crisis financiera, ya que es injusto e inaceptable que siempre el pueblo pague tan costosos errores.    

Aún así para subsanar tan serias alteraciones financiero-administrativas se recurre a restringir el dinero en circulación, como solución de control inflacionario. Si cada peso emitido por el Banco de México no es respaldado por productos, bienes de consumo y servicios de calidad -significa que la producción no aumenta, disminuye, se estanca o deteriora- el valor de compra decrece y empobrece todavía más a la población.

Al entender que la cantidad de dinero en sí no es inflacionaria, ya que su función es sólo facilitar las transacciones e intercambios comerciales y de negocios, debe inducirse, sin dilación y sofismas, a corregir las políticas económicas poco convenientes para la nación -presupuesto austero y con ajustes periódicos, encarecimiento del crédito, altos impuestos, encaje fiscal, burocratismo excesivo, dependencia petrolera y maquiladora-, al crearse verdaderos sistemas económicos propios, sostenidos por el trabajo, la productividad, la contribución reponsable y la convivencia fructífera.  

Así como otros países resurgieron con ambiciosos programas de obra pública para afrontar y resolver a fondo depresiones y crisis internas o bien, de los escombros y devastación provocada por los conflictos mundiales, al aplicar préstamos, emisión de bonos, certificados y dinero a la construcción de moderna infraestructura, parques industriales, zonas comerciales, distritos agrícolas para rehacer sus actividades con base en el suficiente empleo y, por ende, fomentar la demanda de productos competitivos; en la actualidad, esas ricas naciones definen el avance mundial y tienen amplio margen de maniobra, aunque cada vez se acorta por el excesivo circulante de dólares de papel, ante los excesos y desequilibrios de la economía de libre mercado.

Este evidente ejemplo de las economías de vanguardia, demuestra que únicamente con trabajo y planes a largo plazo correctamente estructurados, es como se genera la riqueza monetaria y el bienestar humano. Con programas alternos que concilien objetivos, alcances y metas de desarrollo entre los pueblos del primer, segundo, tercer, cuarto mundo, donde el principio de cooperación-convivencia mundial realmente sea de entendimiento e intercambio comercial equitativo, obligará a las instituciones financieras internacionales a reformar sus sistemas y políticas económicas.

De conseguirse, antes de que sea inevitable una suspensión de pagos y se generalice a otras naciones latinoamericanas, las grandes obras públicas al pagarse con reserva de divisas, créditos en moneda nacional, incentivos, bonos y certificados de la federación, todo avalado por el trabajo constructivo de los mexicanos, permitirá a corto plazo reactivar y reciclar a fondo la economía. Al diversificarse las actividades y otorgar a los recursos el máximo valor agregado (en especial a los hidrocarburos) para multiplicar y distribuir mejor sus beneficios, la demanda de productos, bienes y servicios se incrementará en proporción directa a los salarios percibidos, con lo cual el Gobierno recaudará más impuestos e ingresos para cubrir los empréstitos externos e internos y, al mismo tiempo, fomentar y realizar junto con la iniciativa privada, nuevas y rentables inversiones en el país.

En consecuencia, se reiniciaría en México la construcción de grandes proyectos de infraestructura, con recursos económicos y financieros propios no-inflacionarios, al coordinar y conjuntar la inversión pública y privada, tanto para crear y conservar el empleo remunerativo como estatuir la nueva era de desarrollo en una ciencia-tecnología de alta participación e integración interna. Por supuesto, es importante regular y mantener el capital y los salarios en compatibilidad con la producción para evitar distorsiones económicas, aunado a revalorar y ampliar la capacidad industrial, prefiriendo productos-bienes esenciales y de capital de origen nacional para reducir lo importado.

Con estímulos e insumos suficientes, la dependencia actual de tecnología y procesos industriales, nos convertirá de maquiladores, vendedores de petróleo y uso de patentes y franquicias extranjeras, en una nación que realmente avance hacia el desarrollo, creativa y productiva. Sin parcialidad, las instituciones y empresas gubernamentales, deben apreciar y fomentar la adquisición de artículos, productos y bienes mexicanos. Las políticas globales, al exigir concursar todo proyecto y obra pública, tienen la finalidad de favorecer a los fabricantes internacionales. Con una industria nacional moderna, competitiva y exportadora, además de respaldar plenamente cada peso y bono invertido, podrán reemplazarse maquinarias, equipos y bienes por productos fabricados en México de alta calidad.

De acuerdo con los anteriores criterios y planteamientos de carácter financiero y al conjuntar acciones, esfuerzos y voluntades entre Gobierno, iniciativa privada, sociedad, medios de comunicación y grupos inconformes e insurgentes, podrá lograrse que el país restablezca su dignidad y capacidad para decidir su vida y proyectar su destino. Al proceder con total convicción, valor y acendrado nacionalismo-patriotismo, el capital, la economía y las pretensiones de los organismos financieros mundiales, no seguirán por encima de los anhelos y la dignidad de los mexicanos. Al mismo tiempo, al retomarse los principios básicos de soberanía, autodeterminación e independencia, asegurarán a la nación auténticas relaciones de cooperación, convivencia y entendimiento con todos los países.

Con este amplio y secuencial proyecto de país, al sustentarse en obras de infraestructura básica que garantizan altos índices sociales, económicos, energéticos, técnicos, de equidad y participación se multiplicará y diversificará ampliamente la inversión productiva y el trabajo remunerativo, agregando más valor estratégico a cada actividad actual y futura, sea oficial o privada. Con la fuerza de la razón, el progreso de México, al establecerse en el uso óptimo y racional de los recursos, se protegerá la integridad territorial, se logrará una fructífera y solidaria convivencia y se crearán más y mejores oportunidades -principios fundamentales para cambiar de raíz la política económica vigente-, con lo cual se desplazarán la idolatría, ansiedad, concentración y los conflictos monetarios.

Las prevalecientes reservas de divisas (cerca de setenta mil millones de dólares), deben ser utilizadas como fondo de inversión, desarrollo y crecimiento, a fin de destinarlas a la adquisición de equipos y componentes para la construcción -entre otras actividades prioritarias- del programa secuencial de obras públicas propuesto. Asimismo para otorgar créditos, incentivos y facilidades fiscales al sector privado para vigorizar la industria, el comercio interno y el campo. No es conveniente ni justo seguir intercambiando el trabajo y las riquezas de la nación por divisas de papel, enriqueciendo a especuladores, accionistas de casas de bolsa, subvencionar devaluaciones e improductividad. Es inaplazable destinar estas reservas monetarias, que cada vez tienen menos valor comercial por el excesivo circulante de papel-plástico-dólar, a fin de generar empleo, patrimonio y progreso en el país.

El compromiso y cumplimiento que esto implica-significa en la nueva era de desarrollo de la nación se convertirá en una auténtica revaloración por lo que somos capaces de conseguir y realizar, sin importar la magnitud de los desafíos y obstáculos, cuando existe un proyecto de país bien definido, de amplia visión y largo alcance, el cual exalte nuestra identidad, nacionalidad, patriotismo y sea el medio para una justa y proporcional distribución de la riqueza. De ningún modo implica ostracismo ni xenofobia. Las crecientes necesidades y tensiones político-sociales, evidenciadas por el hambre, la pobreza, la insurgencia y el narcotráfico, impiden aplazar por más tiempo la transformación económica.

Conforme a dichos conceptos y programas para construir básicamente con recursos económicos y financieros internos, los cincuenta proyectos de infraestructura propuestos, que al estar conceptuados, planificados y programados para edificar un país desarrollado y próspero, además de revertir a fondo las existentes situaciones de emergencia: política, social, económica, educación, alimentación, salud, empleo, seguridad, ambiental, emigración… se traducirán en renaciente esperanza y confianza, a fin de afianzar la unidad y enaltecer la cooperación nacional.

Así, el Proyecto Nacional México Tercer Milenio, con sus fundamentos y principios materializados en obras de infraestructura básica de alta participación y plusvalía, tornará realidad la consecución de una auténtica política económica y financiera, reafirmando que lo más valioso del país son los recursos naturales y el territorio, magnificados por las virtudes, cualidades y orgullo de los mexicanos.